Otoño petardo

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Jenna Elfman se quedará embarazada de un rollo de una noche en Accidentally on Purpose de CBS y
Courtney Cox perseguirá yogurines sin piedad en Cougar
Town
 de ABC pero, un año más, las mejores series petardas
se concentran en la parrilla de la CW. Este canal de solo tres años de edad fue el resultado de fusionar en 2006
la Warner Brothers (WB) y la United Paramount Network (UPN), dos minicadenas
que llevaban once años tirándose de los pelos como dos niñatas.
La WB era la cadena favorita de los adolescentes de principios de siglo con
programas como Smallville,Charmed o Guilmore
Girls
; o sea, era una guapa pija y con clase, que marcaba tendencia y tenía
fascinado a todo el instituto. La UPN, por su parte, era la fea envidiosa y
acomplejada que copiaba descaradamente a la WB; se vestía con la ropa de sus
primos mayores e intentaba darles un aire cool forzado que
solo conseguía acentuar su patetismo (UPN trató de colar Star Trek como
producto trendy).
Hete aquí que un día la hortera de UPN dio la campanada y le levantó el
novio a WB (UPN se hizo con los derechos de Buffy The Vampire Slayer,
la serie de más éxito de WB). Todos empezaron a mirar a UPN con otros ojos.
Ésta prendió fuego a sus modelos de saldo y se gastó una pasta en un selecto
fondo de armario: dejó marchar a la nave Enterprise rumbo a su lugar natural,
el canal SciFi, y estrenó exitazos de audiencia como America’s Next Top
Model
, y de crítica como Veronica Mars. La eterna Prom Queen
(reina del baile), la WB, cansada del bochornoso espectáculo de tener a
semejante segundona subida a la chepa, y ante la amenaza real de perder el
cetro, decidió convertir a la advenediza UPN en su mejor amiga.
Las dos cadenas firmaron una joint venture que, hasta el
momento, les ha dado excelentes resultados: la CW es la cadena de referencia
para los jóvenes 14 a 35 años. En esta horquilla de edad se sitúan, además, los
protagonistas de sus series: adolescentes que se comportan como adultos y
treintañeros infantilizados. Las novedades de este año incluyen los
títulos The Vampire DiariesThe ExLife, Blonde Charity Mafia y, por supuesto, el esperadísimo
regreso de Melrose Place. Le dedicamos unas
palabritas a la más decepcionante de todas: The
Beautiful Life
.
No sé de ninguna Top Model que consiguiera su primera portada deVogue de
rodillas y en el despacho de un ejecutivo. La mitología delchow bisnes nos
enseña que los que toman atajos morales para llegar a la cumbre son unos
mediocres, gente sin talento natural (en contraposición a los elegidos) que no
tardarán en despeñarse por el abismo, sea el de la droga o peor, el del
anonimato. The Beautiful Life, una serie que pretende reflejar la
trastienda del mundo de la moda, comulga con esa suposición de corte católico y
por eso es tan aburrida.
Al pardillo de Iowa Chriss Andrews (papel interpretado por Ben
Hollingsworth) le asalta un cazatalentos en una cafetería y le suelta la
milonga de “yo soy el tío que te va a hacer rico”. Luego vendrá la típica
entrevista en la que le humillan, la elaboración del book con
el fotógrafo- artista colega y la fiesta en la que intentarán meterle mano. La
necesidad económica (nunca la codicia, claro) le forzará a vencer su primer
impulso de salir por patas.

Soporífero y previsible, en el
primer episodio de The Beautiful Life se puede comprobar lo
buena que sigue estando Elle McPherson, lo malísima actriz que es Misha Barton
y las prisas que tiene Corbin Bleu por quitarse el sambenito de chico Disney de encima;
irónicamente es a él y no a la amiga Barton a quien rescatan de un retrete,
presa de convulsiones, después de haberse empolvado la nariz en exceso. Que no
os engañe este último spoiler, la serie carece de morbo y excede de corrección
política. Un auténtico pestiño.

The Beautiful Life se estrena el 16 de septiembre en
CW.


 

 

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