Las virtudes de Lena

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Hay muy pocos autores en la ficción contemporánea que disfruten de un grado de autonomía mayor del que tiene Lena Dunham. No ha cumplido los treinta y suyo es uno de los títulos imprescindible de la cadena HBO. Es la creadora, directora y protagonista de una serie peculiar, Girls, un retrato sincero desprejuiciado de brutal hondura protagonizado, irónicamente, por cuatro niñas pijas de Nueva York. Sin embargo, a menudo escucho comentarios que ponen en duda su capacidad creativa argumentando que es imposible que esta arrogante jovenzuela sea capaz de hilvanar un relato tan clarividente. Para algunos, tiene mucho más sentido que quien mueva las teclas sea el experimentado coproductor ejecutivo de la serie, el director de cine Judd Appatow. La chica es buena, pero también un poco locatis y necesita un hombre maduro que la controle. Muchos de los que asumen esta teoría como válida ni siquiera reconocen la condescendencia y el machismo que encierra. Orson Welles era un genio con veinticuatro años; Lena Dunham o es más que una chavalilla con talento.

“Girls” no es Ciudadano Kane y aún está por ver su aportación en el largo recorrido. De lo que no hay dudas es de su influencia presente. Dunham confesó por boca de su alter ego protagonista, Hannah Horvath, que aspiraba a convertirse en la voz de su generación y lo ha conseguido: sus acólitos la adoran, a ella y a su serie. Es exhibicionista, impulsiva, altanera, desvergonzada y hace lo que le da la gana. En definitiva, es consciente de sus capacidades extraordinarias y ha encontrado una bicoca que le permite explorar y provocar a placer. Quizá (seguro) si fuera más discreta, si se revistiera de modestia, si dejara de dar la nota, algunos tendrían menos reparos en reconocerle los méritos.

04_MARZO 2015

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