Recordando el Festival de series

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“Anda, rebobina”. Oigo ese imperativo y pienso en las viejas
cintas de VHS, esos cacharros olvidados, vestigios del entretenimiento pretérito. Como la imagen imperfectade los sistemas
analógicos, los recuerdos no
sonuniformes, y de esta forma
hemos recopilado algunos de los
momentos compartidos durante los
días de otoño que ha durado el Festival de Series. Cuando un tipo tan majo como
Robert Kirkman ejerce de botador oficial de un evento, el buen rollo te cala
hasta los huesos. Solo hay que coger el programa, elegir tema y dejarse llevar.
Sobre
cómo casar música y e imagen en
las series estuvo disertando largo rato Jorge
Magaz. Del gusto por lo tradicional a las uniones más estrambóticas: sirva como
ilustración la promo que Xosé Castro nos mostró en su taller, en la que los
chicos de TNT tuvieron  la osadía demezclar el buen rollo de Broadway con la
podredumbre deThe Wire
. Un matrimonio del que John Waters se
sentiría orgulloso. ¡Qué barbaridad! Trescientos volúmenes de historia
se leyó Tom Fontana para armar
correctamente la azarosa vida de la familia Borgia. La mitad de la mitad le vendría de perlas a Jesse
Pinkman
, el adorable pardillo, adlátere de Walter White, que, al contrario que el ilustre químico, nunca será
malo
. Y, a propósito delibros,
los capítulos de las novelas en general, y los seriales del siglo diecinueve en concreto es el símil más usado últimamente para revestir de prestigio (como si hiciera falta) a los productos hechos para televisión. Se lo he oído comentar a Glenn Close, a Álex de la Iglesia y hasta a Vargas Llosa. Qué más da la forma si es el contenido lo
que termina por enganchar. Lo destacó Juan Pablo Seijo en su fantástica
conferencia sobre webseries.
No sé si de tanto reír las endorfinas me tenían obnubilado el seso. O quizá
fueran las constantes referencias a losMonty Python pero
durante el encuentro de los Ilustres
ignorantes
no podía parar de pensar que Juan Cruz, con ese pelo aLos Caballeros de la
mesa cuadrada
 que se
ha dejado, guarda un parecido más que razonable con Terry Guilliam en sus tiempos mozos.
Manolo
García es, según las
estadísticas, el nombre más vulgar de
España. El extraordinario actor
de doblaje que así firma, tiene
que pedir prestada la cara a Jeff Bridges, Kevin Kline o Robert Redford para que seamos capaces de identificar su labor interpretativa. Qué ironía. Prótesis, pegamento, pigmentos, a alterar rostros hasta que sean
irreconocibles, es a los que se dedica el talentoso Javier Aliaga.
Por
ahora, eso es todo. Ahí arriba, en la ventanita, tenéis una galería de vídeos.
Dejamos la puerta entornada hasta el próximo Festival de Series. Cuando llegue
el momento, pasad sin llamar: os estaremos esperando.
Nos vemos en la tele.

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