NBC, un pavo real descabezado

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Hay un pájaro metido en la plantilla de la NBC que está haciendo un
trabajo finísimo hundiendo en la miseria a la decana de las grandes cadenas.
Todos tenemos en nuestra oficina al típico inútil con suerte, ese personaje que
no da una y que, desafiando a cualquier ley lógica, siempre va hacia arriba y
no hacia abajo. Ya lo dijo Conan O’Brien en la estupenda intro
musical de los Emmy de 2006: “al ejecutivo de la NBC que pasó de Lost (serie que terminó adquiriendo
su directa competidora, la cadena ABC), en vez de despedirle, le
promocionaron”. Debe ser ese el figura cuya proyección personal es inversamente
proporcional a los rendimientos de la cadena.

 

De otra forma no se explica que el canal lleve tanto tiempo intentando
solucionar su imparable pérdida de audiencia “como se ha hecho toda la vida”, o
sea, ofreciendo más de lo mismo, en lugar de tirarse a la piscina. No asume que
se ha producido un cambio global y que a la tele no la conoce ya ni la madre
que la parió. Ellos se han quedado viéndolas caer, atrincherados tras el
prestigio del Saturday Night Live, mientras “el programa
de las cajas sorpresa” (el Deal or no Dealamericano que en España se
tituló Allá tú), el único que realmente les funcionaba, pagaba las
facturas. Acongojaditos, han dicho adiós este año a esta rentable franquicia de
Endemol, así como a “matusalén” ER, producto que han explotado hasta dejar exangüe, como a un anciano al que
un año tras otro se le retrasaba una merecida jubilación.
Durante los noventa, apostaron por la calidad, y ganaron en audiencia.
Tuvieron lo que había que tener para dar luz verde a una serie imprescindible
para la historia de la televisión: The
West Wing
, que demostró durante sus siete años en antena que el
público aguantaba (y celebraba) frases mucho más largas que los
tradicionales punch lines de las comedias de situación. Hoy la
NBC es como ese deportista de élite que, quince años después del récord, vive
de recordar sus glorias pasadas. El orgulloso pavo real (la cadena es así
conocida por la forma de su logo) ha estado sin cabeza, desnortado durante
demasiados años, y han terminado por merendárselo entre todos.

Es que hay que ser cegatón
perdido para asumir que una serie tan mala como Joey va a funcionar solo porque es un spin off de la sitcom más
rentable de la historia (Friends). Los poquísimos riesgos que la
NBC ha asumido en los últimos tiempos, además, le han salido rana. Heroes es
un buen ejemplo. Tras una primera temporada brillante, el comic de Tim Kring perdió la mitad de sus espectadores (yo
entre ellos) intentando alargar sin sentido tramas agotadoramente ridículas.
Que levante la mano quien no le haya deseado la muerte por tajo de catana al
pringado de Hiro Nakamura solo porque su soporífera historia en el s.XVII
acabase de una vez. La serie sobrevive gracias a un grupo cada vez más reducido
de incondicionales. La audiencia sigue cayendo pero la cadena no se atreve a
matar a esta gallinita, aunque ya no dé oro sino bisutería barata.

 


Esta semana llega una apuesta
para el prime time veraniego de NBC propia del ya mencionado
ejecutivo patoso, quienquiera que sea. The
Philanthropist
 arranca el próximo miércoles 24 a las diez de la noche. En ella el Marco Antonio de RomeJames Purefoy, encarna a un tipo podrido de pelas que decide cruzarse a pie (y descalzo)
la jungla nigeriana para repartir vacunas entre los niños enfermos. El
personaje que interpreta Purefoy no ha hecho ninguna promesa a Nuestra Señora
del Perpetuo Socorro; tan solo es un pijo adicto a los subidones de adrenalina
que una mañana despertó y se dio cuenta de que, cual lunar inoportuno, le había
salido una conciencia.

The Philanthropist es algo así como meter a Bruce Wayne (Batman), sin traje de
murciélago, a protagonizar The
Constant Gardener
. Una brillante idea que pretende combatir la
modorra estival con secuencias de quince minutos de paseo por el follaje
selvático, sin diálogos, y con una voz en off tipo
versión light de The
Thin Red Line
. Me juego el cuello que, antes de que acabe el
año, al inútil lo hacen CEO.

 

 

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