Los injustos Emmys del 2012

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No es justo que el merecido triunfo de Homeland en los Emmy haya sido a costa de la humillación de Mad Men. Lo que más me duele de la derrota de los chicos de Sterling Cooper no es que su mejor temporada hasta la fecha, la quinta, se fuera de vacío, sino que haya tenido que aguantar la vergüenza de ver tres de sus historias más brillantes, de sus guiones más perfectos, equiparados a esa mamarrachada folletinesca que es el séptimo episodio de la segunda temporada de Downton Abbey. ¿La ridícula curación del primo Matthew se puede comparar con el brutal paso al frente de Joan? ¿La grotesca pasión por la criadita de Lord Grantham con la foto en la cartera de Lane Pryce? ¿El cambio de personalidad esquizoide de Edith con la natural evolución de Peggy? Qué desatino.
 No es justo que obliguen a Jimmy Kimmel a presentar la gala si no le apetece. El turno de emisión (cada año el evento lo da una de las cinco grandes cadenas en abierto) cayó esta vez en la ABC, que le encargó a su hombre del late night, Kimmel, conducir los chorrocientos minutos de celebración televisiva. Los clips eran muy aburridos y Kimmel cubrió expediente con un rictus permanente de yo no quería, es que me han liado. Mucho más motivado estuvo Louis CK que acudió con corbata y sin camiseta. Recogió dos merecidos galardones y le hizo su caída de ojos de perrillo despistado a Amy Poelher, imbatible como cada año en ser protagonista sin recibir ningún premio; qué no daría yo por verla presentar la gala al alimón con su amiga Tina Fey. Otro tándem clásico en el que siempre puedes confiar para echarte unas risas cuando estás a punto de quedarte frita es el formado por Jon Stewart (¡diez estatuillas tiene ya el Daily Show!) y Stephen Colbert, que ayudados esta vez por Jimmy Fallon, protagonizaron el mejor gag de la noche.
No es justo que todos los que flipaban con Homeland hace unos meses, de repente consideren exagerado el reconocimiento a su protagonista masculino. Simpático y elegante estuvo Damien Lewis en su discurso de agradecimiento, adorable Aaron Paul y humilde Kevin Costner. No me veo capaz de descifrar el estado de ánimo que se ocultaba tras la máscara fruncida a los laterales de la cara de Jessica Lange. Su Constance Venable, digo Langdon, reina del oneliner 2012 con permiso de Maggie Smith, tenía el premio asegurado. Como también lo tenía la Carrie Mathison de Claire Danes: la intérprete del personaje más difícil del año recogió el Emmy en un Lanvin amarillo que le sentaba fenomenal a su peculiar (y embarazada) figura.
No es justo que la falta de rigor en la categoría de Miniserie y TV Movie dejara fuera de la competición a la mejor peli del año, Page Eight. La ganadora no hubiera variado, no obstante. Con las elecciones americanas a la vuelta de la esquina, la mayoría demócrata en la sala no podía dejar de ratificar a la ejemplar Game Change. Su contundente victoria confirma a Danny Strong, premiado como guionista y autor también de El recuento, como el cronista de ficción política preferido de la HBO. No está mal para el nerd más nerd de Sunnydale.
No es justo que el Emmy de Tim Van Patten pese lo mismo que el de Jon Cryer, un reconocimiento el de Mejor actor de comedia que no tuvo ninguna gracia, por cierto. Sin embargo, la absoluta supremacía de Modern Family a mí sí me parece justa: cada uno tenemos nuestras preferencias pero no se puede discutir que la de Levitan es la comedia más grande en activo. No hubo espaldarazo para el #SixSeasonsAndAMovie de Community ni subida a los altares de Lena Dunhan. Mejor. Supongo. Ya tendrá tiempo de demostrar lo que vale. Qué marujil y qué envidioso me ha quedado este último comentario. Pero es justo, ¿no?
ECOTEUVE

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