Los episódicos de las estrellas de cine (II)

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Sólo con los actores de La noche más oscura y Argo podríamos repasar la historia de la tele de los últimos veinte años. De Bryan Cranston a Tom Lenk, pasando por Kyle Chandler (que hace doblete), caras más o menos conocidas provocan que muchos se pasen las películas preguntándose “y éste, ¿de qué me suena?”. Pero, además de los repartos corales y como ya vimos en los Globos de oro, también los grandes protagonistas de los Oscar han dejado su rastro en las series:

Amy Adams en ‘El ala oeste de la Casa Blanca’ (20 hours in America, 2002)

Si de mí dependiera, Amy Adams ganaría todos los premios de interpretación de este año. Su Peggy Dodd da más miedo que un cruce de Hannibal Lecter con Livia Soprano. A estas alturas ya no engaña su fachada de princesita pizpireta, ésa misma sobre la que el golfo de Josh Lyman no puede evitar hacer chistes rijosos en la trasera de una furgoneta que funciona con combustible de soja. Cathy era una granjera de Indiana con un máster que le plantaba cara al más antipático de los colaboradores del presidente, Toby Ziegler. Cinco años después, en La guerra de Charlie Wilson, Adams ratificaría que a ella, en cualquier formato, Sorkin le sienta fenomenal.

Bradley Cooper en ‘Sexo en Nueva York’ (They Shoot Single People, Don’t They?, 1999)

Hasta que se la cogió doblada en Las Vegas con sus amigos, a Bradley Cooper le había ido mucho mejor en la tele que en el cine. Eso sí, entró por la puerta grande: quedándose a dos velas en una serie en la que hasta el más cardo pillaba cacho. “Era soltero, hetero y fumador”, a la protagonista le hacen chiribitas los ojos cuando ve a este espigado guaperas de voz aflautada y melena teñida acercarse en una fiesta gay. Eran otros tiempos. El World Trade Center seguía en pie, se podía fumar en los bares y a las mujeres lo último que les interesaba eran las limitadas dotes de Cooper como bailarín.

Jennifer Lawrence en ‘Caso abierto’ (A dollar, a dream, 2007)

En sus apariciones públicas, Jennifer Lawrence siempre deja claro que es una chavala risueña y divertida. Sus personajes, sin embargo, son circunspectos en exceso. Se ha especializado en chicas baqueteadas, que acumulan demasiadas experiencias chungas para su corta edad. Abby Bradford, una adolescente clave para la investigación del enésimo caso archivado de Lilly Rush, es un cruce entre la Tiffany de El lado bueno de las cosas y la Ree de Winter’s Bone. Aún no ha terminado la secundaria, pero ya sabe lo que duele perder a la persona que más quieres y es consciente de que buscar en la basura para comer no es ningún juego.

Philip Seymour Hoffman en ‘Ley y orden’ (The Violence of Summer, 1991)

Philip Seymour Hoffman, probablemente el mejor actor que hay ahora mismo en activo, tiene un currículum bien diverso. Pero, hasta que Paul Thomas Anderson descubrió su lado tierno, el pelirrojo apuntaba maneras como titular para papeles de pervertido, pijo y/ o tío más imbécil de la pandilla. Arrancó su carrera profesional a la vez que la pionera de las franquicias sobre jueces y polis de Dick Wolf. Da vida a un impertinente niñato que viola con sus amigos a una presentadora de televisión. A punto están de escaparse de rositas por el típico agujero legal hasta que George Dzundza y Chris Noth consiguen tenderles una trampa.

Hugh Jackman en ‘Viva Laughlin’ (Piloto, 2007)

Diréis, con razón, que Hugh Jackman era la estrella de Viva Laughlin, pero es que en este caso podemos considerar episódico al actor y a la misma serie. Dos capítulos fueron suficientes para que la CBS cancelara esta fantasía marciana que unía tragaperras, neones, éxitos pop y a Melanie Griffith en algo que, sorprendentemente, no era una comedia. Ojo, Lobezno no sólo puso la cara, también palmó dinero para producir una ficción donde el dueño mafioso de un casino se arrancaba por los Rollings sin venir a cuento. Igual que su esposa, yo estoy convencida de que a Jackman le gustan las mujeres, pero también es verdad que pierde la cabeza por cantar y bailar embutido en pantalones brillantes ajustados y camisas con pechera bien abierta. Cosas muy de locaza.

 

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