Hannibal, pasado, presente y futuro

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NBC se niega a soltar prenda sobre el futuro de Hannibal. Superado el ecuador de emisiones en su primera temporada ya deberíamos saber si la serie de Bryan Fuller volverá el año que viene. Ando preocupada, para qué os voy a engañar, porqueHannibal es una de las que estoy viendo con más gusto últimamente. Hasta he empezado a mirar con respeto a su showrunner, alguien que nunca me ha interesado demasiado. De las obras individuales de Fuller, Tan muertos como yo me resultaba indiferente mientras que el rollo timburtoniano de Pushing Daisies me exasperaba. Y de Mockingbird Lane sólo puedo decir que aún tengo pesadillas. Que semejante engendro haya estado a punto de convertirse en serie de televisión

Hannibal usa como material de base la primera y mejor novela escrita por Thomas Harris, El dragón rojo, donde se describe la truculenta relación del investigador Will Graham con el doctor Hannibal Lecter. Este libro ya contaba con dos adaptaciones cinematográficas: una curiosa que se ha quedado bastante antigüilla a cargo de Michael Mann (Manhunter, 1986) y otra por la que Brett Ratner, detestable realizador y peor persona, debería estar en la cárcel (El Dragón Rojo, 2002). La nueva propuesta no es otra versión sino una elucubración creativa que se remonta a qué sucedió antes de que pillaran al psiquiatra caníbal. Cómo se cameló a la plana mayor de los criminólogos de Quantico, cómo manipuló las investigaciones a placer, cómo atrajo a su mesa (encima o a los lados) a medio Baltimore, cómo estableció un potente vínculo emocional con el superdotado e impenetrable Graham. Hannibal es escrupulosa en su débito con la fuente original y audaz en su picoteo de las distintas interpretaciones de la historia. Toma lo mejor de cada novela, de cada película; se está creando una personalidad propia indiscutible y su hueco en la mitología popular.

Ya lo sugirió Mann y lo confirmó Demme en la obra maestra El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), Lecter funciona mejor como aderezo que como ingrediente principal. No necesita mucho tiempo en pantalla para ser el protagonista de la función. El refinado caníbal es una delicada trufa, no los garbanzos del cocido. El danés Madds Mikkelsen aparece poco (suficiente) por pantalla, como debe ser (Anthony Hopkins apenas tenía veinte minutos de metraje en una película de dos horas) y el peso de las investigaciones episódicas (arriesgadas, divertidas y muy bien engarzadas en la trama principal) lo llevan el solvente Hugh Dancy y Lawrence Fishburne, en su papel habitual de jefe paternalista. Hannibal ha convertido en ventajas todas las limitaciones de hacer esta serie en abierto. Es perturbadora, elegante y novedosa. Que dure.

Hannibal se emite en AXN los jueves a las 22.15

ECOTEUVE

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