En campaña

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La carrera electoral más interesante del año es la que está librando el ficticio Gobernador de Ilinois, Peter Florrick, por la presidencia de Estados Unidos. The good wife nos lanza cada semana un pequeño detalle de la trastienda de este proceso en el que el marido de la protagonista, Alicia Florrick, se postula frente a Hillary Clinton como candidato del partido Demócrata. La política ocupa un espacio limitado del tiempo de cada capítulo, pero, como ocurre en la vida real, todo lo impregna. La familia, el trabajo, los afectos de Alicia están siempre sometidos a las necesidades de Peter, ese personaje en la sombra que sigue condicionando lo que su mujer puede o no puede hacer.

El peor capítulo de The good wife son los mejores cuarenta y cinco minutos que ofrece mi semana seriéfila. Sí, todavía, después de siete años. Ocurre con esta serie lo que con cualquier relación larga y satisfactoria: la rutina es gratificante y las extravagancias, sea cual sea el resultado, son recibidas como rasgos de valentía que refuerzan nuestro apego y lealtad. Hacer transcurrir las opciones presidenciales de Peter a la vez que la campaña electoral americana (la de verdad) es un atrevimiento estimulante. En parte, por el riesgo: la narración está condicionada por lo que suceda en el camino a las generales de 2016. Incorporar a la trama encuestas, noticias, escenarios reales, es llevarlo al límite. Cada episodio tiene un colchón de dos meses escasos o sea que, si ocurriese cualquier imprevisto, no tendrían tiempo de enmendar nada. The good wife sigue siendo excelente en sus historias capitulares y en su minuciosa descripción de la psique de Alicia Florrick, yo no necesitaba más alicientes, pero me encanta que tenga estos detalles. Por eso, por todo, me siento orgullosa de llevar con ella tanto tiempo.

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