De varios colores

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Decía con mucha guasa el presentador de los últimos premios Emmy, Jimmy Kimmel, que sólo hay una cosa que a los miembros de la Academia le guste más que la diversidad racial: darse importancia por lo mucho que les gusta la diversidad racial. Los galardones otorgados a los afroamericanos Sterling K. Brown o Regina King resuenan como eco del discurso de Viola Davis el año pasado, que ganó por un papel estelar que podría haber interpretado una blanca, y vino a decir que no necesitaban que les hicieran favores, sino que les dieran oportunidades. O sea buenos papeles. No hay ni pizca de discriminación positiva en el reconocimiento a Davis, como no lo ha habido en el caso de Brown y King. El fiscal de The People Vs O. J. Simpson y la madre injusta y clasista de American Crime son dos trabajos a la altura de estos intérpretes superdotados.

En ese empeño por conseguir un palmarés heterogéneo y de paso, más titulares, los premios este año han hecho sitio también a dos asiáticos, Aziz Ansari y Alan Yang. De origen indio y taiwanes, respectivamente, los autores de Master of none han firmado un estupendo guión de comedia que homenajea a sus padres, inmigrantes que encontraron hueco en el Nueva York hostil, desconfiado de los años setenta y ochenta. En su agradecimiento, también cargado de significado, Alan Yang recordó que hay tantos descendientes de asiáticos como de italianos en Estados Unidos, y que si ellos habían sido capaces de crear su propia mitología audiovisual, los orientales no debían ser menos. Solo hace falta que la hegemonía caucásica deje de mirarse en el espejo un rato y preste atención a buenas historias de otros colores. Aunque sólo sea para felicitarse por ello.

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