Daryl, un nuevo héroe

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Discreto, robusto, sensible, de veloces reflejos y razonamientos simples, así es el héroe de moda, Daryl Dixon. A la chita callando, el personaje interpretado por Norman Reedus se ha convertido en el más popular de The Walking Dead, esa serie tan hábil que también gusta los que, como yo, detestamos las historias de zombies. Quedan cinco capítulos para terminar la trepidante tercera temporada, el grupo de supervivientes de Atlanta anda como vaca sin cencerro, enfrentados a la peor amenaza hasta la fecha y con su líder de baja por depresión: ¿se verá Daryl obligado a capitanear la batalla final?

Su padre le molía a palos y se crio a la sombra de su hermano Merle, un marrullero asesino mercenario, mentiroso y racista. El bondadoso Daryl estaba destinado a ser carne de cañón, pero el apocalipsis zombie le dio una segunda oportunidad que no hubiera podido planificar el más ducho agente de asuntos sociales. Separado de su hermano, recala en un grupo donde se siente útil, necesitado, querido, y encuentra así anclaje afectivo y confianza. Por fin tiene una familia de la que sentirse orgulloso. Defenderla se convierte en su prioridad, por delante incluso de su relación no consumada con Carol; un cortejo a la antigua, un calentón tan demorado que corre el riesgo de resolverse a golpe de bocado de caminante. Como Tom Doniphon, Daryl siempre ha reclamado su parcela de independencia, su voluntad de mantenerse en segundo plano y su derecho a salir corriendo sin dar explicaciones cuando le dé la gana. Huye de los alardes y está orgulloso de seguir al “hombre de honor” que para él encarna Rick. En su cabeza, él es sólo músculo convenientemente entrenado, demasiado torpe para enardecer a las masas. Pero en un mundo infectado de inhumanidad, entre dirigentes totalitarios y predicadores fanáticos, el centro moral no es el personaje que da discursos, sino el que tiene un comportamiento ejemplar.

¿Dónde iría Daryl si mañana el mundo se limpiara de pústulas y coágulos? Esa pregunta carece de importancia porque los datos de audiencia son tan alucinantes que tenemos The Walking Dead para rato. Pero si algo ha dejado claro esta serie es que todos son prescindibles, del showrunner al más carismático de los personajes. ¿Qué va a pasar con Daryl? Esa cuestión sí es pertinente. Nadie lo sabe, ni los espectadores, ni tampoco los listillos aficionados a los cómics (los hermanos Dixon no aparecen en la novela gráfica de Robert Kirkman). Daryl, el admirado, el deseado, es una creación exclusiva de la serie, ¿se arriesgarían los productores a suprimir tamaño filón por un golpe de efecto puntual? Ése es uno de los temores con los que vivimos quienes cada lunes por la noche nos juntamos para ver y comentar The Walking Dead en FOX. Buscadnos por Twitter y Facebook a partir de las 22.20. Sufrimos mucho, pero lo pasamos en grande.

ECOTEUVE

 

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