Con Tom Berenger en Madrid

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Tom Berenger y una servidora el pasado lunes en la librería 8 ½ de Madrid.

El sendero de la traición es una película del año 88, así que es probable que llegara a los cines de Badajoz a finales del 89. Es una de esas historias con truco de Joe Eszterhas y su primera colaboración con el director Costa Gavras antes del exitazo de La caja de música. El protagonista, Tom Berenger, estaba entonces en el cénit de su carrera: tras una nominación al Oscar por Platoon había hecho La sombra del testigo con Ridley Scott, era un actor solvente y un macizo de primera. Ésa fue la película con la que yo descubrí a Berenger, quien de inmediato pasó a formar parte de mi álbum de fotos adolescente. Sin embargo, Tom Berenger no es, no ha sido nunca una estrella. No como lo fue entonces Kevin Costner, su compañero en Hatfileds and McCoys, la serie que le ha traído estos días de promoción a Madrid. Me falta ego, dice encogiéndose de hombros, no me preocupa el estatus. Y parece verdad: es un tipo pachón, afable y muy dulce con el que pasamos un rato estupendo el lunes, en un encuentro organizado por FoxCrime y #BirraSeries que tuve el placer de presentar. Su currículum es una inabarcable ristra de títulos en la que se mezclan secundarios de lujo en clásicos contemporáneos (Training day) y protagonistas en sagas de serie B (Sniper); morralla alimenticia con trabajos para autores como Richard Lester, Robert Altman o Richard Brooks. Se partía de la risa hablando de su papel en Origen: No me enteré de nada: ni cuando leí el guion ni cuando la vi en el estreno. Y hay niños que la pillan a la primera.

Es probable que a su condición de actor que no se da importancia contribuyera el hecho de que él alternó el cine con la tele cuando las series era ese barrio donde las verdaderas estrellas no se dejaban caer. Apareció como invitado en la pionera Sigue soñando y en la mítica Cheers, ha hecho procedimental (Turno de guardia), cable (Peacemakers) y dramedia (October road), pero en privado confiesa que usa poco el mando a distancia: No he visto Homeland pero le han dado un montón de Emmys así que debe ser buena. A la hora de trabajar, lo tiene claro: no hay diferencia entre los dos medios, para él todo es cine, y Hatfields and McCoys, una de vaqueros renegados, es buen ejemplo. El director es quien manda, y él creó a Jim Vance, un cruce entre un mapache rabioso y un enano de jardín desquiciado, de la mano de Kevin Reynolds. A pesar de que uno de los guionistas de la serie, Ted Mann, lo fue también de la catedral del “western verité”, Deadwood, Berenger rechaza las similitudes con la obra de David Mich: Lo único que tiene en común con Hatfields and McCoys es Powers Boothe (Cy Tolliver, el rey del juego y las putas de Deadwood, algo menos atildado en esta ocasión como integrante del clan familiar de los Hatfield).

Compara los tres meses que pasó en Rumanía para el rodaje de Hatfileds and McCoys con su experiencia en Filipinas en el 86 con el reparto de Platoon. Cuenta cómo los baqueteaban para que dieran el tipo como soldados de Vietnam, que les obligaban dormir en el barro, que se hicieron una piña, y de repente para y sonríe: Fue duro pero, qué bien lo pasamos… A saber las que no montarían con Kevin Dillon, Johnny Deep, Charlie Sheen y Williem Dafoe en la pandilla. Acabo de terminar una película con Williem; ha sido bonito, treinta años después·

Hatfileds and McCoys se estrena el 7 de Noviembre a las 22.30 en Fox Crime

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